MARCO INTERNACIONAL
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en su informe “La reducción de riesgos de desastres: un desafío para el desarrollo” establece una relación recíproca entre la planifi cación del desarrollo y la gestión del riesgo que se evidencia al observar que si bien sólo el 11% de las personas expuestas a amenazas, viven en países con un bajo índice de desarrollo humano, representan el 53% de las muertes registradas por desastres.
El informe establece que aproximadamente el 75% de la población mundial vive en zonas que han sido azotadas entre 1980 y 2000, por terremotos, ciclones, inundaciones o sequías y plantea que los desastres naturales se encuentran profundamente conectados con los procesos de desarrollo humano, en el sentido en que un desastre natural pone en riesgo los logros del desarrollo y las decisiones de desarrollo implementadas por las comunidades, construyen las bases para la creación o la mitigación de los riesgos.
En este sentido, el cumplimiento de los Objetivos del Milenio se encuentra ligado a la reducción de riesgos en un doble sentido. Por un lado las pérdidas ocasionadas por un desastre pueden aplazar las inversiones sociales en torno a la pobreza, el hambre, el saneamiento básico y el analfabetismo, así como también las acciones de protección del medio ambiente y las de generación de empleo dadas las afectaciones a la infraestructura y los medios básicos de subsistencia. Por otro lado, los riesgos son el resultado de la acumulación histórica de medidas inapropiadas de desarrollo. Las políticas de desarrollo y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio son un vehículo para la reducción de la vulnerabilidad y la mitigación de los riesgos.
La Declaración de Hyogo adoptada durante la Conferencia Mundial para la Reducción de Desastres en enero de 2005, reconoce y reitera que “los desastres socavan gravemente los resultados de las inversiones de desarrollo en un lapso muy breve de tiempo y, por tanto, continúan representando un impedimento significativo para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”. Así pues, insta a todas las naciones a aliviar el sufrimiento ocasionado por las amenazas, reduciendo la vulnerabilidad de las sociedades.
En este sentido, considera la cultura de la prevención y la resiliencia ante los desastres, una inversión sensata que debe promoverse a todo nivel, desde el ámbito individual hasta el internacional y deben ser sistemáticamente integradas en las políticas y programas para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza.
En el marco de acción de Hyogo (2005 – 2015) se platea como resultado esperado la reducción sustancial de las pérdidas por desastres tanto en términos de vidas como en los recursos sociales, económicos y culturales de las comunidades y los países.
La presente Estrategia se inserta dentro de las metas estratégicas de Hyogo en el sentido en que busca el fortalecimiento de la capacidad de resiliencia de la ciudad de Bogotá ante un sismo de gran magnitud, mediante la preparación de los diferentes actores que intervendrían en la respuesta ante tal evento en sus ámbitos comunitario, institucional y político y en los niveles local, distrital, nacional e internacional.
La estrategia contempla acciones para la protección de las vidas y los bienes de los habitantes de Bogotá, así como para garantizar condiciones de gobernabilidad ante una crisis de tal magnitud.
Así mismo, busca minimizar las vulnerabilidades funcionales del Sistema de Prevención y Atención de Emergencias mediante el desarrollo de capacidades ciudadanas de autoprotección y la integración de los diferentes niveles involucrados en la atención de un desastre en Bogotá, promoviendo la cooperación regional, nacional e internacional.
Por último, integra las políticas de recuperación y reconstrucción dentro de panorama general de preparativos para un sismo de gran magnitud, de tal forma que se garantice la incorporación de las políticas de reducción del riesgo en el proceso.